Logroñés hasta las entrañas de su alma
Regidor de la ciudad 2007-2011, inició las obras del soterramiento del tren
A Tomás Santos, le tocó en la rifa municipal la crisis inmobiliaria del ladrillo y se puso a defender, contra viento y marea, empresas, constructores, promotoras, inmobiliarias y puestos de trabajos para amortiguar el vendaval que arrasó con todo. Desde su cargo de alcalde, se dejó la piel, con conocidos y desconocidos, participando de las muchas desgracias de familias hasta levantar la cabeza. Tenía tesón y temple para todo.
Le tiraba la vena de logroñés hasta las entrañas del alma, Sabía escuchar y no rechazar ningún punto de vista. Su victoria inesperada en las elecciones municipales de 2007, le llevó a gestionar, durante cuatro años, la ciudad en todos sus rincones, sin perder su hoja de ruta de la modernización y la movilidad con la peatonalización de la calle Bretón de los Herreros, donde dejó su huella. Serio en el trabajo y metódico, aprendido en el Popular, que se quedó en apoderado, apartando otros puestos de responsabilidad por no abandonar Logroño, tenía una gran tenacidad y metía la cabeza en los proyectos municipales, sin ruido, con las palabras justas para el convencimiento.
En vida, junto a su inseparable Asún, el deporte y la crítica deportiva, le acompañaron hasta el fin, con dos colores, Berceo y el Logroñés, verde y blanquirrojo, tanta monta, monta tanto. Durante mi etapa en diario “La Rioja”, como director, nos tocó vivir la historia más brillante del club: el ascenso del Logroñés a Primera División, Hicimos una piña, Felipe Royo, Eugenio Gómez, Manolo Gonzaldez y un servidor para que no se nos escapara nada, ni los suspiros de los jugadores. El entrenador aparecía por La Redacción casi todos los días y las malas lenguas murmuraban que, en la casa, se hacían las alineaciones, que era una rotunda mentira. Tomás Santos, robándole tiempo a su familia y a su banco, estaba siempre a la última de lo que acontecía en el vestuario. Emiliano Alonso, presidente entonces de la entidad, bebió la primera copa del histórico ascensor mientras se escribía la historia de tan legendaria hazaña.
El día que entregó la vara de primer regidor a Cuca Gamarra, le tembló el pulso de la emoción. Se terminaron las reverencias del cargo y regresó a su oficina bancaria de siempre con toda deportividad y a otra cosa, con declaraciones, las justas, con más tiempo para su mujer y sus hijos, estrenos de cine, almuerzos de amigos y garbeo tranquilizador por la casa de Torrecilla.
Su continuada entereza, la admirable resignación cristiana, la enorme valentía con que afrontó los últimos años de su enfermedad le han hecho acreedor a la admiración de sus vecinos. Aquí, en esta ciudad, con el dolor sincero de los amigos que le acompañamos hasta su última morada, aparecieron algunas lágrimas por su eterno descanso.
Lo hemos perdido y sólo nos queda rezar. F.M.L
































